Reportajes Especiales Retropoliciaca

SERGIO QUIJANO, HOMBRE SANGUINARIO Y CRUEL

  • Algunos medios de difusión se encargaron de darle a Sergio Quijano Santoyo, una imagen de Enemigo Público Número Uno, de un superhombre sanguinario y cruel.

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Tercera de siete partes)

El Servicio Médico Forense, cuyo director era el doctor Fernando García Rojas Olvera, indicó que Erick Dante recibió 2 tiros; Héctor Ignacio, 2 tiros; Jaime Mauro, 7 tiros; Manuel Moreno Fierro, 7 balazos; Pedro Madrid Cortés, 5 tiros. La mayoría de las balas tenía camisa de cobre.

Sergio Maximino Quijano Santoyo fue enviado al Reclusorio Norte, igual que otros detenidos.

El individuo que inició la balacera en Bucareli, casi esquina con Avenida Morelos, a quien Francisco Flavio Quijano Santoyo llamaba “compadre”, era buscado exhaustivamente por agentes federales en la ciudad de México.

Y lo mismo sucedía en el caso de Francisco Flavio, tricampeón de tiro en la especialidad mexicana de “defensa”, superaba a profesionales israelíes.

En su escape dejó eventualmente a su adorada progenitora, lo mismo que a su esposa, Patricia Ruiz Peña, y tres pequeñitos.

Obviamente, algunos medios de difusión se encargaron de darle una imagen de Enemigo Público Número Uno, de un superhombre sanguinario y cruel, dueño de una puntería asombrosa con armas de fuego.

Casi nadie sabe que cuando niño, Francisco Flavio fue a su escuela, en la ahora alcaldía de Azcapotzalco, para participar en simbólico desfile por calles cercanas, pero tardó demasiado en regresar, a grado tal que el “Avispón Verde”, Francisco Quijano García, lleno de inquietud, fue a buscar al niño.

Encontró al muchachito, desesperado, porque sus extremidades inferiores no le respondían. Sentado en la acera, Flavio lloraba en silencio. El agente de la Policía Judicial del Distrito, bautizado como “Avispón Verde” por el comandante Carlos Casamadrid Miranda, no pudo contener el llanto, y con el pequeño en brazos, llegó al lado de doña Elvira y junto acudieron a interminables consultas médicas, en busca de mejoría para Francisco Flavio.

El tratamiento no fue sencillo, duró mucho tiempo; el niño era llevado en carreola al plantel para que no perdiera clases, y tras cumplir con su tarea, se refugiaba en un establo, (abundaban en Azcapotzalco), para ejercitarse diariamente.

Para que el ejercicio no se le hiciera monótono, “El Avispón Verde” le compró un rifle de diábolos y Francisco Flavio se entretenía disparando contra roedores.

El detective Quijano García enseñó los secretos del tiro al niño enfermo, y tal vez por ese amor demostrado, Francisco Flavio soportó dolorosas inyecciones sin quejarse y mejoró paulatinamente hasta dejar para siempre la carreola.

En las ferias, padre e hijo comenzaron a competir en puntería, así como en campos de tiro a los que tenía acceso el agente judicial del Distrito, ahora ciudad de México.

Los otros muchachos se abrían diferentes caminos. Erick Dante estudió Ciencias Políticas en la UNAMJaime Mauro y Héctor Ignacio prefirieron el comercio. Y para entonces ocurrió otro drama; a causa de las llegadas tardías del investigador, el matrimonio se disolvió para siempre.

El mismo “Avispón Verde”, (tenía los ojos verdes), relataba la separación con relativa frialdad: “Esa noche llegué como a las 22.30 horas, Elvira tenía lista mi maleta y me recordó su advertencia, en el sentido de que no me recibiría más, si arribaba tarde. Tomé mis pertenencias y me marché del hogar, sin volver el rostro, sin pedir más explicaciones”.

La mayoría de sus hijos compensaron a doña Elvira por la ausencia del policía, la llenaron de amor, respeto y ternura, le dieron nietos que alegraron el hogar y le brindaron un apoyo inolvidable.

El campeón de tiro mexicano de “defensa”, Francisco Flavio, veía con alguna frecuencia a su padre, no solo para pedirle algún consejo técnico, sino para recordar tiempos mejores y distraer la mente.

La soledad afectó al agente, y en su grupo, Segunda Comandancia, al mando de Carlos Casamadrid Miranda, procuraban levantarle el ánimo, bromeando y dejándole misiones tranquilas.

Así, cuando Quijano García llegaba a las oficinas, Carlos Casamadrid hacía funcionar un tornamesa, (eran populares, no se utilizaban muchos los casetes y no llegaba aún el tiempo de los discos compactos), para tocar el disco de la popular serie de televisión «El Avispón Verde«, sobrenombre que acompañó hasta su muerte al entonces solitario investigador.

Al conocer a la señorita Rosa Valdivia, el aún joven Francisco Quijano formó nueva familia y quizá para recordar a la anterior, llamó Héctor al niño Quijano Valdivia.

La herencia paterna convirtió en acaudalado al “Avispón” y compró acciones del café La Habana, legendario y céntrico negocio donde se reunían periodistas de todos los medios de comunicación, políticos, funcionarios de Gobernación, artistas de cine, radio y televisión.

El negocio está cerca del Reloj Chino, monumento obsequiado a México durante las celebraciones del primer centenario de la Independencia.

Como detalle curioso, “El Avispón Verde” mencionaba que muchos individuos a quienes ayudó como policía, pasaban a saludarlo, disfrutaban un café y le contaban cómo se habían regenerado.

Monaguillo en Coyoacán y nacido en el famoso barrio Ex hipódromo de Peralvillo, relativamente cerca de la glorieta célebre por anuales peregrinaciones a la Basílica de GuadalupeFrancisco Quijano renunció a la pasividad para trabajar en pro de la justicia verdadera.

Al convertirse en agente de la Policía Judicial del Distrito, durante un encuentro con pandilleros, mató a dos de sendos balazos en el corazón. El destino parecía advertirle que su vida sería dramática si persistía en disfrutar del peligro. Pero no se alejó de los senderos que, directa o indirectamente, lo llevaron a la tragedia familiar y luego a su violenta e injusta extinción, tal vez porque se equivocó gravemente al culpar de su desgracia al hijo de Florentino Ventura, asegurando que personalmente lo había “torturado de manera salvaje”… Pero el verdugo había sido otro federal. “El Avispón Verde” denunció el narcotráfico en la PGR y culpó directamente a Florentino Ventura, desacreditándolo solo por ser el padre del presunto torturador… Que nada tuvo que ver en el suplicio al “Avispón”…

Realmente, de nada sirvió que durante su juventud, Francisco Quijano hubiera detenido a presuntos delincuentes con asombrosa táctica: nada de violencia y sí de comprensión.

Sin aspavientos ni exhibiciones de “charolas”, (placas policiales), Francisco se presentaba en el territorio hostil controlado por el hampa, (generalmente TepitoColonia MorelosColonia Atlampa o Santa Julia, en la ciudad de México), y pedía hablar con la madre o hermanas del infractor.

Lo miraban con sorpresa, a veces con admiración por su osadía, pero siempre con respeto. De cada diez citados por la justicia, siete se presentaban sin presiones… Porque “el Avispón Verde” los asesoraba, siempre con la intención de que se pasaran “al lado claro de la calle”.

A las damas les decía con amabilidad: “Nuestro problema no es personal, simplemente cumplo con traer la orden de presentación. A mí no me gusta humillar a nadie. Y menos delante de sus parientes. Si tal o cual sospechoso se entrega, lo ayudaré en la medida de mis posibilidades. De otro modo, habrá heridos o muertos. No hay necesidad alguna y el sospechoso no puede escapar por siempre, es terrible andar a salto de mata”.

Y casi por rutina terminaba su exhortación así: “Si tiene chamba su hijo, dígale que pida un permiso por tiempo indefinido, así no perderá el empleo, y cuando arregle su problema, que para todos los conflictos hay solución, no necesitará esconderse de nadie”.

Para entonces había apoyado económicamente a las madres de los pandilleros a quienes dio muerte de un tiro en el corazón y, cosa extraña, las señoras le habían dicho: “Tal vez fue mejor así, ya debían muchas y sabíamos que terminarían violentamente”.