Narcotráfico

PUERTO VALLARTA: ESCENARIO DE AJUSTE DE CUENTAS

  • Al igual que hace 28 años sigue siendo uno de los paradisíacos destinos turísticos del país; pero, también continúa siendo escenario de sangrientas venganzas y ajuste de cuentas entre organizaciones del crimen organizado

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

(Primera de tres partes)

Puerto Vallarta.- Hoy, al igual que hace 28 años, Puerto Vallarta sigue siendo uno de los paradisíacos destinos turísticos del país; pero, también continúa siendo escenario de sangrientas venganzas y ajuste de cuentas entre organizaciones del crimen organizado, cuya repercusión cobra muchas veces víctimas inocentes, ajenas a la delincuencia.

Uno de los hechos violentos fue el atentado perpetrado contra el ex gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, al que asesinaron a principios de año, presumiblemente, miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación, hoy por hoy el más poderoso y temido no solo en nuestro país sino en otras naciones.

La ola de violentas ejecuciones comenzó en Puerto Vallarta el 8 de noviembre de 1992, cuando sicarios del Cártel de Sinaloa trataron de asesinar, infructuosamente, a los hermanos Ramón y Benjamín Arellano Félix, jefes del Cártel de Tijuana, cuando éstos se hallaban al interior de la discoteca “Christine”.

El saldo de personas muertas y heridas fue impreciso, pero los Arellano Félix salieron ilesos; después, al paso de los años se darían otros hechos violentos protagonizados por integrantes de la delincuencia organizada, que convertiría a Puerto Vallarta y Jalisco, en epicentro de venganzas entre cárteles.
LA MASACRE EN LA CHRISTINE

Sobre los hechos de la madrugada del domingo 8 de noviembre de 1992, en Puerto Vallarta, la información oficial señaló que dejó un saldo de seis muertos y tres heridos graves, aunque de manera extraoficial se habló de no menos de 15 personas muertas e igual número de heridos; sin embargo, los hermanos Arellano Félix pudieron salvarse al esconderse en el plafón de uno de los baños de la disco.

Luego de ocultarse hasta que acabaron los balazos, los Arellano lograron salir por uno de los ductos del aire acondicionado, en tanto que la actriz Angélica Rivera, “La Gaviota” que se convertiría en la esposa de Enrique Peña Nieto, se había retirado minutos antes de que iniciara la balacera.

A las 23:00 horas de ese domingo, cuando el ambiente estaba en su mejor momento y el tránsito de vehículos era escaso, frente a la discoteca frenó bruscamente un camión Dina “Rabón” blanco, de redilas recubiertas de lámina cromada, del que bajaron medio centenar de sicarios con chalecos antibala, cartucheras, rifles AK-47, R15 y granadas.

El vehículo era custodiado por tres camionetas, una Suburban, una Cheyene y una Ram. El comboy avanzó sobre los carriles centrales de la avenida Francisco Medina Ascencio y se quedó con el motor encendido.

De acuerdo a testimonios del personal de la disco, los sujetos, todos con uniforme de campaña, con las armas hacia arriba, sobre los hombros, formaron tres filas, que se abrieron como abanico y se cerraron como pinzas para rodear el centro nocturno del hotel Krystal.

La primera hilera avanzó por el lado derecho de la discoteca y la segunda por el izquierdo, mientras que la del centro irrumpió en el interior. Se dijeron policías judiciales, sin especificar de qué corporación, aunque algunos mostraron placas metálicas con las siglas PJF, correspondientes entonces a la desaparecida Policía Judicial Federal.

En menos de ocho minutos, “que se nos hicieron eternos”, dijeron, se dispararon cientos de tiros dentro y fuera; dos de los muertos quedaron al lado de su mesa, dos en el baño y otros dos en el exterior, cuando, con pistola en mano, intentaban escapar por las puertas de emergencia.

“Los tenemos rodeados”, gritaron y varios se dirigieron a la “mesa del gerente”, donde departían entre doce y quince personas, todas las víctimas estaban ahí.

“En esa mesa, cerca de la barra y no lejos del baño, se sentaban los judiciales y federales, principalmente cuando había música de banda, Ya tenían dos o tres noches yendo ahí esas mismas personas y siempre andaban armadas”, relató una empleada.

Los atacantes tenían ya bien localizadas a sus víctimas, en las últimas tres noches se les había visto tomando los mejores vinos y departiendo con tres mujeres guapas; entre ellos estaban dos hombres altos, güeros, uno con un Rólex de oro e incrustaciones de diamantes, señalaron algunos empleados.

Al escuchar el tiroteo acudió la policía municipal y pidió apoyo, como en otras ocasiones, a la Policía Federal de Caminos y a la Judicial Federal, pero sólo llegó la del estado, ninguna de las corporaciones federales”, indicó el entonces alcalde Rodolfo González Macías.

Cuando acabó el tiroteo, dijo un cliente que estaba en el baño, los Arellano, salieron por uno de los ductos de aire acondicionado. En la sala de espera de los baños quedaron dos de sus guardaespaldas, que al parecer hirieron a uno o dos del comando.

Los agresores corrieron, unos al tórton y otros a las camionetas y se fueron hacia la ciudad; dos que se habían quedado rezagados obligaron a taxistas que los sacaran del lugar, uno se dirigió a la salida, a Barra de Navidad, al sur, y el otro hacia Tepic.

Policías estatales iniciaron la persecución, pero nadie pudo dar alcance al camión Dina. Cuando una patrulla estuvo a punto de hacerlo, no muy lejos de la subdelegación de la PGR, dos tipos bajaron de una Suburban, con metralleta y rafaguearon la unidad, que recibió más de 40 impactos por lo que ya no pudo continuar la persecución.

Posteriormente, el 13 de octubre de 1993, a las puertas de su casa en Marina Vallarta, fue asesinado el norteamericano Joseph Mark Puerner, socio y gerente de la empresa dueña de Villa del Palmar, vinculada con los Arellano Félix.

Las investigaciones, que se dijo irían hasta las últimas consecuencias, no arrojaron nada importante y el esclarecimiento del crimen no tuvo avances.

De manera extraoficial, por comentarios de las autoridades encargadas de las pesquisas, trascendió que detrás del acto violento estaban Joaquín ‘El Chapo Guzmán’ y Héctor Luis ‘El Güero’ Palma, en venganza por el coche bomba que los Arellano Félix hicieron estallar el 29 de mayo de ese año en una de las fincas del líder del Cártel de Sinaloa.