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  • Octavio Paz y Carlos Fuentes

Pablo Cabañas Díaz/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

En el número de Vuelta correspondiente a marzo de 1998, se  incluyó un fragmento del intercambio epistolar entre Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz  y Octavio Paz. Las cartas revelan que cuando Paz, supo de la matanza del 2 de octubre de 1968, redefinió su situación laboral. El 4 de octubre de 1968, Paz se comunicó con su jefe para manifestarle su inconformidad con el proceder gubernamental: “Las fuerzas armadas dispararon a una multitud compuesta en su mayoría de estudiantes. No describiré a usted mi estado de ánimo. Me imagino que es de la mayoría de los mexicanos: tristeza y cólera”. Asimismo, externó que a lo largo de su carrera diplomática no había experimentado un desacuerdo tan profundo con una decisión tomada por el Ejecutivo.

Paz regresó a México en 1971,  funda y dirige la revista Plural (1971-1976), en cuyas páginas la amistad  con Carlos Fuentes parece continuar, a pesar de sus diferencias de opinión en cuanto al nuevo presidente, Luis Echeverría Álvarez. Paz abordó el tema de la violencia política en una serie de artículos publicados en Plural a lo largo de junio y julio de 1973 y agosto de 1974.  Sería hasta 1976, cuando Enrique Krauze criticó la novela Terra Nostra, pero fue hasta 1988, con la publicación de un ensayo en el que se atacaba la obra y la vida de Fuentes cuando la ruptura será total. A raíz de la publicación de ese ensayo, se interpretó que existía una conspiración contra Carlos Fuentes orquestada por Octavio Paz, sin embargo, fue el mismo Krauze quien a través de una carta publicada en 1988, precisó que él era “responsable total del ensayo” y que Paz no necesitaba de ninguna persona para expresar sus desacuerdos públicamente.

Era 1988, en el gobierno de Carlos Salinas, cuando se inició la batalla literaria con un ataque mordaz contra Fuentes solicitado por la revista estadounidense The New Republic.   La edición de esa revista  correpondiente al  27 de junio de 1988, el ensayo de Krauze apareció bajo el título “The Guerrilla Dandy”.  Krauze, expone que Fuentes posee una escritura “frívola” y una  posición de izquierda “elemental”. Peor aún, Krauze llama a Fuentes “un extranjero en su propio país”, un incompetente para escribir sobre México.

El ataque de Krauze a Fuentes,  provocó indignación y ataques maliciosos, una andanada de contraataques a Krauze . Irritado por las posiciones progresistas de Fuentes, el editor literario de New Republic, Leon Wieseltier, expresó que  él le encargó el artículo a Krauze un año antes de que finalmente . “Durante mucho tiempo había pensado que Fuentes estaba sobrevalorado en su política y su escritura. Es increíblemente astuto y superficial”, explicó Wieseltier.  Quien señaló que lo que le molestaba de Fuentes era su “marxismo sentimental e intelectualmente descuidado”.

Los jefes de Wieseltier  estaban molestos por el apoyo que Fuentes le daba al gobierno sandinista de Nicaragua, y lo envían a México para buscar a alguien que escribiera un ensayo contra Fuentes.  Wieseltier se dirige a la revista Vuelta, dirigida por Paz, y se topa con el historiador Enrique Krauze, quien accede a escribir el ataque a Fuentes. El texto,  apareció  también en el número 139 de junio 27 de 1988 de la revista  Vuelta que dirigía Paz. La publicación ocasionó una multitud de críticas nacionales e internacionales en contra de Krauze . Todavía en 2012, Alfonso González, en la revista de la Universidad de México menciona que: “En el artículo de Krauze se percibe con un claro empeño por desacreditar lo hasta entonces considerado como valioso por muchos otros autores que abordan la obra de Fuentes antes y después de la negra fecha señalada”.

En ese texto, Krauze le dice a Fuentes, palabras más, palabras menos, que se trata de un gringo que escribe desde Hollywood sobre México, país al que no conoce más que por sus lecturas de probeta., Christopher Domínguez Michael, crítico literario ligado a Krauze señaló que esa crítica en la cual se acabó “algún eco había de las opiniones de Paz sobre Fuentes”. Es cierto lo que dice Domínguez Michael: Ese fue el motivo del alejamiento de Fuentes hacia Paz. En febrero de 1996  la revista  Proceso publicó una carta en la que Wieseltier mencionaba que le encantaba saber que ese “ensayo aún les quita el sueño a los apologistas de Fuentes”. “No le pedí a Krauze que escribiera su ensayo porque creyera que Fuentes era molesto para el gobierno de Reagan. Le pedí que lo escribiera porque creía que Fuentes era molesto para el mundo intelectual y literario. En ese mundo trabajo”. Desde la perspectiva del lector,  se observa la animadversión existía en los años ochenta entre las dos grandes figuras de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo XX: Octavio Paz y Carlos Fuentes.