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  • Anécdotas de policías: Aldana y sus millones

Pablo Cabañas Díaz/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

En noviembre del 2002, los socios de la cooperativa del periódico Excélsior, tenían ocho meses sin cobrar y su única certeza laboral era ver como aumentaban sus deudas personales. En esos días, apareció el ex director de la Interpol México, Miguel Aldana (1940-2021), y les ofreció 5 mil 500 millones de pesos por los activos y el cabezal de Excélsior. La mayoría de los trabajadores de Excélsior creyeron en esa propuesta, sin cuestionar su veracidad.  Aldana reveló que él representaba en México, a un grupo de empresarios de Canadá y Estados Unidos que estaban interesados en el periódico. El ex jefe de la Interpol en México, nunca depositó un peso. Con la promesa de compra Aldana ofreció a cada cooperativista la posibilidad de alcanzar una cifra superior a los 4 millones de pesos  de hace 20 años–ya descontados sus adeudos y los impuestos—era literalmente sacarse la lotería. Nadie quería escuchar otra cosa. 

Aldana fue el segundo mando del director de la Federal de Seguridad, (DFS), José Antonio Zorrilla quien estuvo en ese puesto de 1982 a 1985, y renunció cuando fue acusado de ser el autor intelectual del homicidio de Manuel Buendía. Eran los años ochentas, tiempos de Rafael Caro Quintero,  de Don Neto, pero el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena , empujó al gobierno estadounidense a perseguir a esa generación de funcionarios. Incluso con ese estigma llegaría a ser jefe de la Interpol-México el nueve de diciembre de 1982. Su historial estaba limpio en México, pero un Gran Jurado de Los Ángeles, California lo acusó de haber participado en el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, en 1985. En febrero de 1990, Aldana fue detenido por agentes antinarcóticos acusado de posesión, compra y suministro de cocaína y acopio de armas. Estuvo en prisión cuatro años y ocho meses en el Reclusorio Oriente y en el penal de máxima seguridad de Almoloya. En 1995, en el gobierno de Ernesto Zedillo, un Tribunal Colegiado lo exoneró de los cargos. 

Siete años después, Aldana, quería comprar uno de los periódicos más importantes del país. Otro de sus socios el canadiense Sylvanin Chevalier tenía la idea de invertir entre 2 y 3 mil millones de dólares canadienses en el negocio de taxis en el entonces Distrito Federal. Los taxis contarían con video, teléfono celular y publicidad en el toldo, como los taxis amarillos de Estados Unidos. Luego se presentó un estadounidense Richard Line, que  decía ser dueño de la empresa Clear, y apareció otro canadiense de nombre Pierre Cal quien también traía la cartera repleta de dinero. 

Ante tantas ganas de invertir en México, le pregunté en una comida en el restaurante María Cristina:–¿ Sus amigos son confiables?  No le vayan a dar una sorpresa –¿Lavado de dinero?.  La respuesta de Aldana  fue:  “No, no puede entrar dinero de lavado ni del narcotráfico, porque la DEA, la CIA y otras agencias lo detienen automáticamente. Tiene que ser dinero limpio, es una condición que pedimos”. La respuesta era poco creíble. Según Aldana, el dinero venía de organismos para la ayuda humanitaria y era totalmente limpio. Unas semana después, Aldana comentó  que los inversionistas se espantaron y le recomendaron no comprar el diario, precisamente por las diferencias internas y por el exceso de personal,  en virtud de que no  podía operar con 300 trabajadores. Aldana retiró su ofrecimiento y nadie se expresó su sorpresa, todo fue una mentira. La inversión en nuevos taxis quedó en el olvido en menos de un mes. ¿Qué se buscó con esa farsa?. ¿Qué ganó Aldana?. Tal vez nunca lo sabremos. En 2019, en la página de electrónica de la  DEA, la agencia antidrogas estadounidense, comenzó a difundir la foto del ex mando por los supuestos delitos de conspiración para cometer crímenes violentos en apoyo al crimen organizado. Con su muerte se acabó una generación de comandantes de la policía que participaron en la “guerra sucia” y que iniciaron su carrera persiguiendo  guerrilleros, y más tarde  fueron enviados tras los narcotraficantes y volvieron sirviendo a sus intereses.