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LAS NARCOREMESAS, CORTESÍA DEL CÁRTEL DE SINALOA

*Cártel de Sinaloa mueve entre el10% de miles de millones de dólares

*La pandemia del Covid-19 potenció el uso de remesas que aún prevalece

*A los “recogedores” de los envíos les pagan entre el 1 y el 2 por ciento

*“Pitufeo”, método para fragmentar grandes cantidades de dinero

José Sánchez López/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Sinaloa. – Mediante cientos de particulares, el Cártel de Sinaloa mueve decenas de miles de millones de dólares en su estado, a través de las remesas enviadas de Estados Unidos por migrantes, con lo que al mismo tiempo que repatría sus ganancias a México, lava el dinero sucio producto del tráfico de fentanilo, cocaína, heroína y otras drogas, de acuerdo a un informe de la Organización No Gubernamental mexicana Signos Vitales.

De acuerdo a reportes de inteligencia militar que recabaron testimonios de culiacanenses en diversas localidades y municipios de la entidad, se estableció que los civiles son contactados por personeros del Cártel de Sinaloa quienes les dicen haber sido enviados por “la señora” para que colaboren y ayuden a sus paisanos.

No se refieren por su nombre a la señora María Consuelo Loera Pérez, pero los enviados deslizan una velada amenaza al comentar que el no aceptar colaborar podría molestar a Los Chapitos. De esa manera han conformado todo un ejército de particulares que, voluntaria o involuntariamente, participan en el ilícito.  

Los únicos contactos físicos que llegan a tener los encargados de recoger el dinero, son cuando se les llama para que participen y al momento de entregar el dinero, ya que en una llamada previa les advierten: “te están esperando afuera, ya saben quién eres. Entregas y ahí mismo recibes tu paga”.

La trama delictiva para la realización del retiro de las remesas, se basa fundamentalmente en la vasta red legal de empresas de transferencia de dinero que ayudan a los trabajadores migrantes a enviar dinero a sus familias.

Para evitar que pudiera haber problemas con las autoridades fiscales, el monto no excede los 15 mil pesos por mes, ya sea en depósitos por traspaso o transferencias electrónicas, sólo cuando las transacciones superan los 10 mil dólares, hay la obligación de declarar al Servicio de Impuestos Internos.

De lo contrario no hay ningún compromiso tanto para el que transfiere como para el que retira. Esa laxitud permite el envío de miles de millones de dólares a través de “micro-remesas”.

Las remesas a México provenientes casi en su totalidad de Estados Unidos, alcanzaron un récord de 58 mil 500 millones de dólares el año 2022 y en el primer semestre de este año, suman ya 30 mil 238 millones de dólares.

De tales remesas que suman un total de más de 88 mil millones de dólares, las autoridades presumen que al menos entre el 7.5 y 10 por ciento, es decir 8 mil millones son controladas por el crimen organizado, señala la ONG.

Indica que la economía de México se agravó por la pandemia del coronavirus, lo que impulsó la migración a Estados Unidos y con ello las remesas que los trabajadores envían a casa y a medida que las remesas legítimas se dispararon, se ha vuelto cada vez más fácil para los cárteles disfrazar sus ganancias ilícitas.

El uso de remesas para mover el dinero del narcotráfico se vio potenciado por el Covid-19, después de que las rutas de viaje establecidas desde hace mucho tiempo se vieran alteradas por la pandemia y se cerraran rutas, por lo que los narcos tuvieron que buscar otros métodos para repatriar su dinero.

Entre marzo de 2020 y noviembre de 2021, la frontera entre EU y México se mantuvo cerrada excepto a los viajes “esenciales”, lo que hizo que el método tradicional de repatriación de ganancias, el contrabando masivo de efectivo escondido en automóviles, camiones y remolques de carga se volviera mucho más difícil.

Entonces, los traficantes recurrieron a otros medios y descubrieron las remesas, una estrategia que ha perdurado incluso cuando la emergencia sanitaria fue levantada porque las redes que establecieron los narcos son efectivas.

Fuentes de seguridad y finanzas de Estados Unidos y México, revelan que la estrategia es realizar sólo pequeñas transferencias enviadas a personas promedio en todo México, sin antecedentes ni vínculos con la delincuencia organizada, lo que les permite moverse sin problemas, dado que los requisitos de identificación para tales operaciones son más flexibles que los necesarios para abrir una cuenta bancaria formal o para transferir sumas importantes de dinero.

Se han documentado casos de grupos delictivos que utilizan negocios populares de transferencia de dinero para realizar actividades ilegales y también que grupos de delincuentes que operan en ambos lados de la frontera secuestran a trabajadores migrantes y piden su rescate en dólares,

Los registros de ocho casos judiciales federales en la Unión Americana y entrevistas con una docena de expertos de la industria, analistas y agentes de la ley en ambos lados de la frontera, revelan una imagen detallada del modus operandi de los grupos criminales.

Siete empresas de transferencia de dinero y bancos, afirmaron que trabajan de manera coordinada con las autoridades para impedir que se llevan a cabo las posibles narcoremesas.

Western Union, con sede en Colorado y catalogado como el operador de transferencias de dinero más grande del mundo, señaló en un comunicado que dedica recursos significativos para ayudar a detectar y disuadir el mal uso de sus servicios.

Américas de WorldRemit, un servicio de transferencias de dinero con sede en Londres, se mostró escéptico de que los cárteles recurran a las remesas para mover grandes sumas de dinero en pequeñas porciones, “necesitarían hacer muchas transacciones, no se descarta, pero es muy complicado”.

No obstante, eso es precisamente lo que los cárteles mexicanos de la droga están haciendo, cientos o miles de mini-transferencias que resultan indetectables, como cuando un submarino se sumerge en aguas profundas o un avión vuela muy bajo para no ser descubiertos.

El patrón que indica cómo se lava el dinero a través de las remesas, revela que es mediante tienditas, cadenas minoristas y casas de cambio que se registran como agentes con una o más de las firmas de transferencia de dinero, cuyos logotipos exhiben esas compañías en sus tiendas para atraer a los clientes.

A los agentes se les paga una comisión por cada transacción que procesan. Los clientes pueden traer dinero en efectivo a esas tiendas y enviarlo al exterior. Ni los remitentes ni los destinatarios están obligados a tener una cuenta bancaria. Esta red fragmentada es clave para el funcionamiento del esquema.

 Como señal de preocupación del gobierno estadounidense, la Dirección de Inteligencia Nacional (DNI, incluyó por primera vez en su informe de este este año, “la explotación de canales legítimos de remesas por parte de organizaciones criminales transnacionales para lavar dinero”, sin embargo, no precisó el nombre de ninguna empresa de transferencias de dinero.

El senador republicano de Estados Unidos John Cornyn, de Texas, presentó en 2019 un proyecto de ley que requeriría que el Departamento del Tesoro analizara el uso de remesas por parte de delincuentes para el tráfico de narcóticos y otras actividades ilícitas y proponga una estrategia para detenerlo.

Esa iniciativa de ley simplemente no se sometió a votación en el Congreso.

Actualmente, la ley de EU exige que los transmisores de dinero mantengan registros de todas las transacciones de 3 mil dólares o más, durante cinco años, incluidos los nombres y direcciones de las personas en ambos extremos de cada transferencia, además de que cualquier actividad sospechosa debe ser reportada.

Sin embargo, ese tipo de información es falsificada con suma facilidad por los mismos narcotraficantes, lo que dificulta que las fuerzas del orden puedan identificar a quienes participan.

El llamado “Pitufeo” es el proceso de dividir grandes cantidades de dinero en transacciones más pequeñas para evitar los requisitos de presentación de informes. La movilización de un gran número de personas para enviar y recibir esas sumas modestas es conocida como “muchos a muchos”.

El monto promedio de las remesas enviadas a México en 2022 fue de 390 dólares. Esos fondos a menudo se envían a comercios mexicanos, incluidas tiendas de conveniencia, supermercados, farmacias y grandes almacenes.

Tras la detención de algunos de los participantes en el “pitufeo”, que aceptaron trabajar para el Cártel de Sinaloa, dijeron que prefieren tratar con minoristas porque esos negocios tienden a hacer menos preguntas que los bancos.

Dijeron que por lo general deben mostrar su credencial para votar, proporcionar el nombre del remitente y su relación con esa persona, as´pi como presentar un número de seguimiento de transacciones que los remitentes comparten sólo con los destinatarios.

Empro, toda esa clase de: detalles el mismo cártel se los proporciona de antemano a través de mensajes de texto o WhatsApp.

Los receptores de las remesas en México normalmente se quedan con el 1 o el 2% del envío como compensación, mientras los nuevos reclutas se llevan una mayor parte en su primera transacción para así atraerlos a la estafa. En México se paga menos que a su contraparte estadounidense porque los riesgos de arresto son menores.

En Estados Unidos, al menos siete casos de narcotráfico que involucraron el uso de remesas para enviar ganancias a México, han sido procesados con éxito desde 2017 en tribunales federales de Colorado, Georgia, Ohio, Oklahoma, Texas, Virginia y el estado de Washington.

Esos casos involucraron colectivamente el lavado de más de 100 millones de dólares entre 2013 y 2020, según documentos judiciales. Al menos 81 personas involucradas se declararon culpables de delitos que incluyen conspiración para cometer lavado de dinero.

El gobierno norteamericano expuso que 11 de los acusados usaron remesas para lavar más de 40 millones de dólares entre 2013 y 2017 en nueve pequeñas tiendas del área metropolitana de Atlanta, que ofrecían servicios de transferencias de dinero, incluida una gasolinera y un restaurante de tacos.

Todos eran gerentes de tiendas o empleados que a sabiendas aceptaron grandes cantidades de efectivo de los traficantes de drogas, las dividieron en pequeñas transacciones para evadir los requisitos de información y las transfirieron con nombres ficticios.

En el caso de Ohio, los fiscales federales alegaron en 2019 que una red familiar de tres tiendas de teléfonos celulares en Columbus que ofrecía servicios de transferencia de dinero, había movido 44 mdd en ganancias de drogas ilícitas a México entre 2013 y 2019, en transacciones que nunca excedieron los mil dólares.

Esas tiendas -Express Cellular, Los Rosales y Los Rosales 2- vendían muy poca mercancía y eran esencialmente fachadas para el lavado de dinero cuyos verdaderos clientes eran traficantes de heroína, fentanilo y marihuana que pagaban a los dueños hasta el 10% de cada transferencia. Los envíos se cobraron en Nayarit, Jalisco, Michoacán y Sinaloa, considerados bastiones del crimen organizado.

Entre las señales de advertencia se destaca que casi dos tercios de las transacciones, se enviaron a Nayarit, “estado de alto riesgo” reconocido como un centro de cultivo de amapola.

En otro caso, en 2022, los fiscales federales en Misuri levantaron cargos contra presuntos miembros de una supuesta trama de 4.7 millones de dólares para distribuir heroína, fentanilo y metanfetaminas en suelo estadounidense y enviar parte de las ganancias a México a través de remesas.

Esas son algunas de las acciones que realizan los Estados Unidos para tratar de combatir las narcoremesas, en contraparte, al revisar los registros judiciales mexicanos de 2012 a la fecha, no se encontró ningún caso de detención relacionado con el lavado de dinero a través de remesas.

Asimismo, la Presidencia y la Fiscalía General de la República no se pronuncian sobre la estrategia para combatir el lavado de dinero a través de las remesas, en tanto que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) que es la que investiga los delitos financieros también se ha negado a manifestarse.

CÓMO SE CONCRETAN LAS NARCOREMESAS

De acuerdo al testimonio de una ama de casa, previa exigencia de guardar el anonimato, dijo que entró a un banco en su ciudad natal de Culiacán, Sinaloa, donde esperaba una remesa de 8 mil dólares enviada desde Estados Unidos.

Retiró los fondos en moneda local, cruzó la ciudad y los depositó en dos cuentas de bancos diferentes. La mujer nunca conoció a la persona que le transfirió los fondos, ni a los dueños de las cuentas donde depositó el efectivo.

Lo que sí supo es que el Cártel de Sinaloa, una de las bandas del narcotráfico más grandes del mundo, había organizado cuidadosamente la transacción para repatriar las ganancias de las ventas de drogas en Estados Unidos a México disfrazadas como remesas. Su paga fue el equivalente a 230 dólares, 4 mil pesos mexicanos.

Ese fue el inicio del dinero fácil para la mujer, quien dijo que anteriormente había tenido problemas para llegar a fin de mes con su sueldo de trabajadora doméstica.

Estimó haber ganado unos 17 mil dólares reclutando a otras personas y cobrando remesas por un total de cientos de miles de dólares, pero nunca tanto o con demasiada frecuencia, para evitar el escrutinio de las autoridades bancarias.

La mujer confesó que un vecino la introdujo al esquema y que nunca ha conocido a sus jefes en persona.

“Todo era por teléfono. Una persona me hablaba y luego otra y así. Los números de teléfono los cambiaban. Te están esperando afuera. Ellos ya saben quién eres”.

Esa mujer es solo parte de todo un ejército de civiles reclutados por el Cártel de Sinaloa y otros grupos criminales mexicanos para ayudar a mover a México las ganancias por la venta de drogas ilícitas obtenidas en Estados Unidos.

La comunidad sinaloense de Costa Rica, a 35 kilómetros al sur de Culiacán, es una zona de baja migración, pero cuenta con un próspero grupo de empresas e instituciones para competir en el mismo negocio. En la localidad hay seis sucursales de los principales bancos del país, así como tienditas, farmacias y otros comercios minoristas donde los residentes pueden cobrar remesas.

Es común observar a jóvenes en motocicletas, con riñoneras y acompañados de guardaespaldas que recogen efectivo de otras personas que salían de las sucursales de Banco Azteca, Banorte y BanCoppel ubicadas en la vía principal. Los lugareños dicen que son mensajeros del Cártel de Sinaloa, sin entrar en más detalles.

Empero, Costa Rica no es la única comunidad cuyos residentes dicen que el Cártel de Sinaloa contrata a lugareños para lavar dinero a través de remesas. En todo Sinaloa personas que han participado en esa actividad dijeron que es una práctica común para los residentes.

Una ama de casa de El Tepuche, un pequeño pueblo rural, confesó que había estado cobrando remesas para el Cártel de Sinaloa durante cuatro años. “Como lo he hecho yo, la mayoría de mi familia lo ha hecho”, sostuvo.

Y como si la presencia del Cártel de Sinaloa no fuera suficiente en esa actividad, ya hay indicios, según las autoridades, de que el Cártel Jalisco Nueva Generación empezó a incursionar con el mismo modus operandi en varios estados de la República.