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LA COSTUMBRE DEL PODER

Vivimos en país ocupado

Gregorio Ortega Molina/Sol Yucatán

  • Las estadísticas señalan que aparecen nuevas ventanas de oportunidad para que el crimen organizado siente sus reales en otras partes del territorio nacional, al modo de Aguililla, en Michoacán
  • Cambiar de nombre no significa modificar la estrategia, puesto que el enemigo es el mismo; lo distinto es el tráfico humano de los migrantes. Dolor, humillación, sevicia, sexo forzado, hambre, dejan atrás la Iniciativa Mérida para entrar al Entendimiento Bicentenario por la Seguridad

No es la primera ocasión en que México es un país ocupado. Estados Unidos y Francia desplegaron sus fuerzas militares por buena parte del territorio. La incursión de Pershing para hacerse de la cabeza de Villa fue otra cosa. Más un castigo casi personal que una advertencia.

Lo que hoy padecemos los mexicanos es pernicioso y perverso, porque no está sujeto a normas internacionales, ni siquiera a observar los compromisos como los que supuestamente establecieron los mafiosos entre ellos: nada con la familia. Esta nación está parcialmente ocupada por un enemigo que nada respeta sino la rendición sumisa y humillante. La intención es convertirse en autoridad, sin la responsabilidad de ser gobierno.

Lejos de ser imaginaciones mías, el último 18 de marzo El Financiero dio a conocer lo siguiente: “El jefe del Comando Norte de Estados Unidos (US Northcom), el general Glen VanHerck, estimó que los cárteles del crimen organizado transnacional operan en alrededor del 30 al 35 por ciento del territorio mexicano, en áreas que son con frecuencia ingobernables, causando muchos de los problemas que está enfrentando la Unión Americana en la frontera con México.

“VanHerck, quien habló con los periodistas en el Pentágono luego de comparecer ante el Comité de Servicios Armados del Senado, salió al paso a los cuestionamientos a la administración Biden sobre las causas que están generado llegadas y detenciones récord de migrantes en la frontera con México : Diría que es un síntoma de un problema que se ha manifestado desde el año pasado. No voy a entrar en la política sobre si esto es una crisis o no.

El hecho es que necesitamos una frontera segura y entender quién cruza la frontera; el tráfico de drogas, la migración, el tráfico humano, son síntomas de las organizaciones criminales trasnacionales que están operando con frecuencia en áreas ingobernables, de 30 a 35 por ciento de México, las que están creando algunas de las cosas con las que estamos lidiando en la frontera”.

Naturalmente Andrés Manuel, presidente mexicano, refutó esas declaraciones, pero hete aquí que la realidad indica que pueda que el gringo esté lleno de razón, porque las estadísticas sobre las muertas violentas, las desapariciones, los secuestros, el tráfico de personas, las extorsiones y esa incursión en nuevas formas de inspirar miedo, como lo ocurrido en Salamanca, son algo más que notificaciones notariales.

Los hechos señalan que aparecen nuevas ventanas de oportunidad para que el crimen organizado siente sus reales en otras partes del territorio nacional, al modo de Aguililla, en Michoacán. El incremento en los montos de los programas sociales es una manera sin imaginación de combatir el hambre, porque los costos de la canasta básica para alimentarse con dignidad y además vestir y adquirir medicamentos, convierte en irrisorios los esfuerzos gubernamentales.

A estas alturas ya debieron percatarse que distribuir miles de millones de pesos no reactiva la economía y, además, muy pronto favorecerá la desconfianza, porque además de hambreados se darán cuenta de lo hipotecado que les dejan el futuro.

35 por ciento del territorio ocupado, ¿para cuánto les gusta que estemos ocupados en tres años?

Cambiar de nombre no significa modificar la estrategia, puesto que el enemigo es el mismo; lo distinto es el tráfico humano de los migrantes. Dolor, humillación, sevicia, sexo forzado, hambre, dejan atrás la Iniciativa Mérida para entrar al Entendimiento Bicentenario por la Seguridad.

Encomiable que el señor Andrés Manuel no negocie en lo oscurito su ley eléctrica, no lo necesita, con la amenaza tácita de exhibir a los legisladores que la voten en contra tiene suficiente, aunque después deba contener a sus seguidores y advertirles que nada debe ocurrirle a la senadora Téllez.

Mostró su verdadera estatura -el señor López Obrador- al sacarle el bulto a estar presente durante la presea Belisario Domínguez. Nada de empatía, ni siquiera intento de conciliar intereses entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Lo suyo es la demostración de fuerza, verbal e incontenible. Señala, amenaza, critica, exhibe y pone en riesgo a sus víctimas.