Narcotráfico Reportajes Especiales

LA CAPTURA DE OSIEL CÁRDENAS GUILLÉN

  • Durante su etapa como capo del Golfo, Osiel Cárdenas tejió una amplia red criminal en Tamaulipas que implicó al menos a tres gobernadores de esa entidad: Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández.

Ricardo Ravelo/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

El día que lo iban a detener, en Matamoros, Tamaulipas, Osiel Cárdenas realizó una fiesta. Celebró los quince años de su hija. Él estuvo presente. Compró cervezas, hubo música y carne asada.

En la Procuraduría General de la República, un hombre avezado en las investigaciones criminales –José Luis Santiago Vasconcelos, entonces sub procurador de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada –ya conocía los pormenores de la fiesta.

Desde hacía varios meses, habían intervenido el teléfono de la hija de Cárdenas Guillén y, a través de sus conversaciones con su padre, Vasconcelos pudo conocer detalles sobre el festejo de los quince años.

Los teléfonos de Osiel Cárdenas no los podían intervenir tan fácilmente. El capo –quien comenzó como “madrina” en la Policía Judicial Federal –utilizaba un número diferente cada día. Según las declaraciones de “Juanito”, su asistente, Osiel tenía 31 teléfonos celulares y usaba uno diferente cada día para evitar ser intervenido por las autoridades o por algunos rivales en el negocio del narcotráfico.

Las PGR, sin embargo, pudo intervenir el teléfono de la hija de Osiel y, de esa forma, se enteraban de los planes familiares, como el festejo de los quince años, para lo cual se organizó un operativo para efectuar la captura del capo.

La instrucción que se les giró tanto a los agentes federales como a los militares fue que permitieran la organización de la fiesta, que no perturbaran al jefe del cártel del Golfo. Para localizar la casa donde estaría Osiel se debía poner mucha atención a un detalle: donde oliera a carne asada, ahí sería la fiesta y ahí justamente estaría Cárdenas Guillén.

Un nutrido grupo de agentes federales, apoyados por un cuerpo de élite del Ejército Mexicano, acordonaron la zona donde estaba Osiel desde la noche anterior. La fiesta, en efecto, se realizó. Y al día siguiente, muy temprano, cuando Cárdenas Guillén dormía, el equipo ingresó al domicilio para detenerlo.

Osiel Cárdenas –quien siempre dormía vestido, por si acaso había que salir corriendo –se levantó de la cama y corrió hacia el patio para brincarse la barda y evadir la acción de la justicia. Pero del otro lado ya lo esperaba otro grupo de policías y militares, quienes lo aprehendieron.