Portada Ricardo Ravelo

EL PRESIDENTE IRRESPONSABLE

*En medio de la crisis por el Covid-19, Andrés Manuel López Obrador rehusó ponerse el cubrebocas y mucha gente siguió su mal ejemplo; En parte, esa es la causa de este caos de muertes y contagios

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México.- En medio de la crisis por el Covid-19, Andrés Manuel López Obrador rehusó ponerse el cubrebocas y mucha gente siguió su mal ejemplo. En parte, esa es la causa de este caos de muertes y contagios.

El domingo 24, a través de su cuenta de Twitter, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que se había infectado de coronavirus, que tenía síntomas leves y que permanecería aislado por algunos días.

Su equipo cercano, con el que convivió en las últimas horas, se sometió a cuarentena, entre ellos, el canciller Marcelo Ebrard, quien por medio de su cuenta de Twitter dijo que trabajaría desde su casa en tanto le daban el resultado de la prueba a la que se sometió.

Lo de López Obrador era de esperarse. El mandatario ha sido reacio al uso de cubrebocas y tampoco ha estado atento a la sana distancia salvo cuando enfrenta protestas que no quiere atender.

Lo que suele hacer en estos casos es evadir las demandas bajo el argumento de que lo hizo por la sana distancia y ante el riesgo de contraer el Covid-19.

Desde que el coronavirus se volvió pandemia y comenzó a invadir al mundo, López Obrador ha mostrado diversos comportamientos.

Primero minimizó el efecto del virus, a grado tal, que no le concedió la gravedad que a nivel internacional ya se estaba mostrando, sobre todo en Italia y España, donde causó miles de muertes.

​Hacia mediados del 2020, y pese a que la ola de contagios y muertes iban en aumento en México, el presidente López Obrador –quien tiene millones de seguidores y simpatizantes –no se convirtió en ejemplo a seguir por un grueso social.

El Presidente descalificó el uso de cubrebocas, dijo que no se lo iba a poner, y así, tan pronto se levantó la cuarentena impuesta en el mes de abril el mandatario retomó sus viajes al sureste del país para supervisar los avances del Tren Maya, la obra cumbre de su gobierno. Se le vio sin guardar distancia y sin el cubrebocas de rigor.

Después, en una exposición irresponsable –por decir lo menos -durante una de sus conferencias mañaneras hizo un llamado a la gente a salir a las calles, a no quedarse encerrados.

Los conminó a convivir, a abrazarse, a ir a restaurantes a comer y a pasarla bien.

Obviamente, continuó con el rechazo al cubrebocas, el cual sólo se lo colocaba cuando abordaba un avión porque ahí era de uso obligatorio, de otro modo no podía volar.

Cuando el virus del Covid-19 empezó a detectarse en México se le preguntó al subsecretario de salud, Hugo López Gatell cual sería el peor escenario que él visualizaba ante la pandemia.

El funcionario expuso que en el peor de los casos estimaban el registro de unos 60 mil muertos.

Esta cifra está totalmente rebasada: actualmente se contabilizan 150 mil decesos y la cifra sigue aumentando porque todos los días hay cientos de fallecimientos.

​En realidad, la actitud del Presidente ha sido irresponsable. Mucha gente sin consciencia, sin un criterio propio ni una dimensión de la gravedad del problema causado por la pandemia imita al mandatario en el rechazo al cubrebocas, cuando ésta protección es vital para impedir contagios y propagar el virus.

Su uso debió ser considerado como obligatorio desde el comienzo de esta crisis que hoy parece no tener freno.

Los hospitales están saturados, por arriba del 90 por ciento de ocupación; muchos otros ya no aceptan enfermos.

El gobierno de la Ciudad de México, por ejemplo, implementó la medida de atender a cientos de enfermos en sus casas. Para ello dispuso de unas brigadas médicas para dar atención y seguimiento a los enfermos.

Otro drama que vive el país –que se ha visto de manera aguda en la capital del país– es la escasez del oxígeno: Miles de enfermos lo necesitan para poder respirar, ya que uno de los efectos graves del Covid-19 es que ataca los pulmones y atrofia las vías respiratorias.

​Sin embargo, las colas son inmensas para poder llenar un tanque que sólo durará cuatro horas; por otro lado, el precio del oxígeno aumentó de precio y, por si fuera poco, lo han escaseado para que la gente pague más dinero por obtenerlo.

​Hace unos días una mujer denunció a través de las redes sociales que un taxista de Uber le robó dos tanques de oxígeno.

Ella pidió el servicio de taxi, subió dos tanques vacíos a la cajuela y el conductor la llevó a un centro de reabastecimiento, donde se dispondría a formarse para llenar sus dos tanques.

Pero al momento de bajar del auto le pidió al chofer que abriera la cajuela. Eso no ocurrió.

El conductor arrancó y se llevó los tanques de oxígeno. Así el drama en la capital del país.

Fuentes consultadas aseguran que oxígeno sí hay y suficiente para abastecer a la gente que lo necesite, pero ocurre que lo han escaseado a propósito para elevar su precio.

Así, las familias se desgarran las vestiduras ante la falta de abastecimiento y frente al alto costo que implica llenar un tan que se oxígeno –más de mil pesos –y su duración es apenas para unas horas.

Ninguna autoridad ha intervenido hasta el momento para poner orden a este caos.

Y mientras el presidente es atendido por “síntomas leves” de Covid-19 y se encuentra aislado en su residencia de Palacio Nacional, afuera del recinto presidencial el drama va en aumento por falta de camas para hospitalización, escases de oxígeno y de medicamentos.

Las muertes continúan y la vacunación avanza a paso de tortuga, pues aún no se disponen de las vacunas necesarias para aplicarla lo más pronto posible en el país.

Así, el 2021 parece ser otro año perdido ante la pandemia, el drama, la escasez de vacunas y la crisis económica que golpea a la sociedad y que causa estragos entre comerciantes pequeños y medianos que no han recibido apoyo del gobierno.