Reportajes Especiales Retropoliciaca

EL BUICK Y KAPLAN

  • Luis de Garay Jaimes había confesado que pidió prestado a un tío el vehículo, el cual le prestó a Kaplan, y durante la devolución, se dio cuenta de que el coche tenía una ventanilla rota y manchas de sangre 

José Sánchez | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Sexta de siete partes) 

Ciudad de México.- Luis de Garay Jaimes había confesado que pidió prestado a un tío el Buick, modelo 1953, el cual le prestó a Kaplan, y durante la devolución, se dio cuenta que el coche tenía una ventanilla rota y también de que había salpicaduras de sangre sobre el tapizado, incluso sangre en la rueda izquierda trasera. 

Y que Kaplan le pidió que por favor no dijera que había estado en México. Alguien además, le llamó por teléfono para advertirle que le convenía olvidar todo lo relacionado con Kaplan, si en algo estimaba su vida y la de su familia.  

Luis de Garay era el único detenido, los otros tres acusados recorrían Europa gozosamente ignorantes de los cargos enderezados contra ellos. 

Joel se escondió en España, pues según él era imposible que lo deportaran a México, por cuestiones diplomáticas.  

El ruso se reunió en Alemania con Kopelsohn y logró escapar temporalmente cuando el israelí fue capturado por la policía alemana, inculpado por la muerte por homicidio de Louis Melchior Vidal. Inicialmente, fue enviado a Francia. Dramáticamente, la embajada israelí en París se dispuso a lograr su libertad, y sus diplomáticos menos ortodoxos trabajaron febrilmente durante todo un sábado para mover las palancas adecuadas antes que se pusiera el sol. Increíblemente tuvieron éxito y se pensó que Kopelsohn no sería extraditado.  

Mientras el asesino sonreía porque estaba a punto de ser puesto en libertad a cargo del embajador de su gobierno en Francia…las acciones se detuvieron súbitamente. El Procurador General mexicano, irritado al parecer por esta violación de su solicitud de extradición, había pedido al Procurador General, Robert F. Kennedy, de Estados Unidos, que le prestara asistencia. Extrañamente, Robert K. Kennedy, (hermano del Presidente John F. Kennedy, quien sería asesinado por Lee Harvey Oswald, el 22 de noviembre de 1963), satisfizo la solicitud y llamó al Ministro de Justicia francés en nombre del gobierno mexicano. 

Como resultado de esa poderosísima gestión, Kopelsohn fue conducido en avión a la ciudad de México, donde fue encarcelado en Coyoacán a menos de diez minutos en automóvil de la tumba abierta en el Ajusco.  

Entre tanto comenzaba en Madrid otro drama. Más de cuatro meses después del asesinato de Louis Melchior Vidal, Joel David Kaplan salió de su hotel y fue recibido por dos oficiales de la Policía de Seguridad del Estado española. Diez minutos después se encontraba sentado al otro lado de la mesa de despacho del capitán Luis Pozo, jefe español de la Interpol.  

En vano Joel alegó que España y México no sostenían relaciones diplomáticas desde hacía varios años y no existía tratado de extradición entre ambos países. Y fue escoltado a la prisión, la primera de muchas que habría de ver debido a que la embajada americana no lo apoyó como creía.  

Una semana después el capitán Luis Pozo le dijo que habían llegado órdenes desde el más alto nivel del gobierno español, trastocando la política sostenida desde hacía tiempo de alejamiento entre México y España en ese caso y Joel iba a ser extraditado.  

Dos horas más tarde y ante el desconcierto de los abogados defensores y del mismo Joel, éste se amarró el cinturón de seguridad en un asiento de primera clase de un avión de la línea Iberia que volaba rumbo a la ciudad de México, así fue como Joel cruzó el Atlántico comiendo uvas y bebiendo champán, una última cena a 10,000 metros de altura antes de iniciar un calvario muy peculiar.  

Mientras el avión rodaba lentamente antes de detenerse ante el aeropuerto internacional de la ciudad de México, el capitán Luis Pozo dijo: “Es usted libre de irse, señor Kaplan, España no tiene más interés en este asunto”.  

La puerta del avión giró abriéndose y Joel David Kaplan vio como un comité de bienvenida a varios agentes de la Policía Judicial y del Servicio Secreto.  

Los elementos del Servicio Secreto condujeron inmediatamente al norteamericano al lugar del crimen para preguntarle por qué había mandado matar a Louis y dónde estaban 40,000 dólares en efectivo que llevaba el ahora desaparecido.  

Incluso, en el “interrogatorio”, Joel fue arrojado a la tumba, donde sufrió algunos raspones en la cara. Para concluir fue entregado en la entonces delegación de Coyoacán,  

En lo que pareció un absurdo, Luis de Garay fue dejado en libertad porque su abogado Víctor Velázquez convenció a los tribunales de que “no había pruebas suficientes para declararlo culpable”.  

Según el conocido penalista, el cadáver de la supuesta víctima de asesinato nunca había sido identificado debida y legalmente; por consiguiente, según la ley mexicana, no se había cometido el delito de asesinato.  

Pero en el caso de Joel David Kaplan, se le declaró culpable “no de asesinato—según los interesados autores del libro multimencionado—sino de ocultar pruebas, así que ¿cómo se absolvió a uno y se declaró culpable a otro por el mismo asunto?.  

En realidad, el truco de la “no identificación plena” fue lamentable, porque Louis Melchior Vidal J., sí fue identificado a satisfacción del Registro Civil y del Servicio Médico Forense, incluso se aclaró que la aparente contradicción de que Louis tenía ojos cafés y los restos humanos tenían otros de color azul, fue porque un médico fue autorizado para maquillar el cadáver y se le ocurrió poner ojos azules artificiales porque muchos norteamericanos los tienen de ese color.  

Pero la esposa de Louis lo identificó sin lugar a duda, también la camarera del hotel donde se hospedaba el ahora occiso.  

Era tan convincente la identificación que no hubo problemas para que la señora Teresa Carrasquillo se llevara el cuerpo a Estados Unidos, una vez cubierto el protocolo necesario.