Hoy Escribe Rafael Loret de Mola

DESAFÍO

Rafael Loret de Mola/ Sol Yucatán/ Sol Quintana Roo/ Sol Campeche/ La Opinión de México

*Democracia Mentirosa

*¡No Sueltes el Poder!

Quienes piensan que los treinta millones de votos obtenidos por Andrés Manuel en 2018 lo avalan hasta para pretender una maniobra inconstitucional, como lo han hecho otros falsarios del continente para perpetuarse, para “asegura su legado”… una frase tan demagógica como inquietante dada la inmensa cantidad de aduladores no penantes llevados por la tremenda manipulación desde el poder.

El imperativo actual, para los mexicanos que avizoran un futuro lejano al caudillismo que tanto ató el desarrollo del país en el pasado, es detener la oleada enfermiza formada por los viejos vicios y los nuevos en una versión corregida y aumentada del peor PRI de la historia ahora convertido en la MORENA de López Obrador, el mandatario más mentiroso y felón de la historia capaz de insistir en su errores como virtudes o, peor aún, como parte de los saldos pendientes de sus predecesores… como el festivo Peña Nieto que se remoja ahora en las piscinas, como adolescente, en bodas glamurosas en República Dominicana sin el menor pudor ni siquiera por lo que fue, con todo el dolor de los mexicanos, hace apenas tres años; esto es: libre de pesquisas sobre su conducta corrupta y corruptora marcada por la impunidad de un mandatario cobarde, el actual.

El peor daño que ha sufrido la división de poderes autónomos entre sí, numen de una democracia sólida, es a no dudarlo la rastrera actitud permanente de quienes integran las legislaturas, sin excepción, desde el triunfo de la Revolución y sus posteriores asaltos incluyendo la entronización del usurpador Victoriano Huerta, de la mano de USA, y de los más recientes Carlos Salinas y Felipe Calderón. Pero también es espurio quien desvía sus ofertas y las convierte en rastrojo para privilegiar a quienes llamaba mafia para hacer suya, solo suya, una nueva con cómplices y rufianes incluidos.

La democracia no debe interpretarse, como algunos aduladores presidenciales pretenden, como el festín de una mayoría deseosa solo de aplastar, descalificar en incluso situar como traidores a las minorías que no aceptan la suprema voluntad mandante, una condición propia de la soberanía popular, ahora vista como el derecho presidencial a disponerlo todo, para todo, sin contrapesos viables y fundamentados. Como el INE, por ejemplo, calificado por un inculto presidente como “el poder superior conservador”. Tal es inaudito.

No pensaba igual el matarife de las instituciones –únicamente acepta cuanto le conviene-, lo mismo que de la soberanía de las entidades y la autonomía de los poderes de la Unión, con imposiciones ramplonas y a veces sin sentido como la atorada Ley Energética y su guerra abierta con el árbitro de la contienda electoral cuyas decisiones pusieron en su lugar al compadre favorito, el violador de Guerrero, y algunos miembros de su ansiosa MORENA que va perdiendo momios mientras López Obrador mantenga su intervención oficiosa en las campañas proselitistas con alumnos (as) que dicen una cosa en una entidad y otra en cada una de las demás. Es, por decir lo menos, penoso.

Lo que tenemos es un vacío de poder, alejado de los problemas fundamentales para ir acorralando a los partidos y a las regiones que ambiciona, con sello de autoritarismo en la vida política de la nación. Estamos en manos de un mandatario reacio a las críticas y generoso con quienes lo exaltan mañosamente para obtener de él privilegios irracionales. El pobre Lord Molécula es un ejemplo muy claro de ello.

Pobres de los mexicanos que se atragantan con los anzuelos seductores.

La Anécdota

Cuando el venezolano Hugo Chávez viajó a La Habana por primera vez para entregarse a los pies de Fidel, icono para muchos, el presidente de Cuba fue tajante:

–Y ganaste. Ahora, ¡no permitas que nadie ni nada te arrebate el poder! No es tuyo… es de la Revolución.

Así lo hizo al grado que prolongó la sentencia hasta después de s muerte con un títere, Nicolás Maduro, al que maneja desde Xibalbá, el inframundo maya.