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DESAFÍO

  • Morenistas al Borde
  • Las Justificaciones

Rafael Loret de Mola/Sol Quintana Roo

No solo es en Chihuahua donde no pocos dirigentes estatales de MORENA optaron, en su momento, por apoyar a la entonces aguantadora ex alcaldesa de la capital de la entidad –no pocos “hombres” se hubieran bajado del tren ante los constantes sabotajes del gobernador misógino Javier Corral Jurado-, Maru Campos Galván, siquiera para protestar así por las imposiciones desde la cúpula de su partido, es decir los balcones del Palacio Nacional convertidos en blindadas sedes virreinales, contrarias a la militancia que se la jugó por Andrés Manuel y han debido dar paso a los arribistas, artistillas de moda, deportistas con algún renombre o incluso vividores del table-dance. Así lo dispuso quien no admite réplica y admite la democracia como la oportunidad de mandar él sobre los demás.

La ignorancia de estos personajes ungidos por el dedo del célebre mesías de Macuspana, cada vez más convencido de que es tan grande como Jesucristo según le dicen a los oídos sus vasallos más indignos, seguro de no contar con contrapesos y asegurarse que su sacrificio –el de exhibir a sus críticos como si formaran el Sanedrín que condenó al hijo de Dios como relata la Biblia católica-, es ofrenda a pagar por la redención de su amada 4T, como la cuarta cruz del Monte Calvario. Una desviación mental digna de ser observada por los expertos en psiquiatría o en actividades paranormales.

Lo mismo sucede en casi todas las entidades listas a renovar gubernaturas el cada vez más el próximo 5 de junio.

Solo en Aguascalientes la oposición, con la fusión aliancista, va sobre caballo de hacienda; en las demás, la moneda está en el aire y con el fatídico refuerzo de AMLO tras el revocatorio fallido los momios subirán más para MORENA.

No hay mayor evidencia que ésta para insistir en el derrotero del partido en el poder como sucedáneo del peor PRI de la historia, el más autoritario y tramposo, mucho más del que impuso a Enrique Peña como abanderado en 2012 y más cercano al de la dictadura de una hegemonía en donde sólo sobresalían los ungidos por una sola, suprema voluntad, desde la entonces casona presidencial de Los Pinos. Claro que ahora hay un cambio sustantivo: el “palomeo”, es decir las decisiones autoritarias se dan desde los salones y las alcobas del Palacio Nacional donde reside, varios días de la semana, el supremo hacedor de la política neoliberal izquierdista, digo, para distinguirla de la de otros sexenios.

La decepción ha sido tan enorme que algunos aspirantes han debido recurrir al estribillo de adelantar sus temores sobre un posible fraude comicial al percibir la corredera de los otrora simpatizantes de Andrés por sentirse traicionados.

Se habla de fraude, otra vez, cuando quien lo fragua, desde la titularidad del Ejecutivo federal, es el compañero de partido empeñado en imponer a lo más deleznable de su equipo como pretendió hacerlo, el año pasado, con su compadre Félix Salgado –al final saltó su hija Evelyn-, como gobernador de Guerrero aunque debamos retornar a la era de las cavernas seudodemocráticas en las que se encendía el incienso para el Tlatoani de los viejos tiempos, acaso mejores que la simulación intolerable del presente.

México no puede traicionarse a sí mismo ni permitir que, so pretexto de los sufragios manipuladores, se asegure otra larga dictadura de partido.

La Anécdota

Todos se lavan las manos en el Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal, sobre todo el presidente del grupo de los “siete sabios”, José Luis Vargas Valdez, quien tuvo la “lúcida” idea de regresar al INE sus determinaciones sobre el retiro del registro de las candidaturas de Salgado Macedonio y Raúl Morón, de Guerrero y Michoacán respectivamente hace un año. Ahora ni dicen nada sobre el narco-candidato, Américo Villarreal Anaya, en Tamaulipas.

Alineados al presidente, una vez más los tribunales se ponen de rodillas precisamente igual que en 2006 cuando el dictamen del mismo Tribunal decidió que las múltiples irregularidades del proceso electoral de ese año no eran relevantes para el caso de una posible anulación reconociendo excesos muy graves pero pasando por encima de ellos. Una barbarie jurídica sin precedente.

Con tal registro, el dueño del poder político en México –el fáctico se lo reparten las fuerzas armadas y los cárteles-, dictó línea al mismo organismo que, aduciendo que sus decisiones son “inatacables”, le defraudó hace ya tres lustros.

Cada quien habla de la feria…