Narcotráfico Portada

CONTROLAN CÁRTELES DE SINALOA Y CJNG LAS PLAZAS DE TIJUANA-TECATE Y LOS ÁNGELES

*Autoridades de México y Estados Unidos han detectado el crecimiento de una nueva organización criminal transnacional, dedicada al tráfico de personas indocumentadas por la frontera

*Documentos en poder de la seguridad pública de ambos países describen al grupo “Gorras” como independiente de otras organizaciones criminales, pero que paga cuotas al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación para poder operar en la frontera

*La organización cobra alrededor de 10 mil dólares a cada migrante por cruzar la frontera de manera indocumentada. Los guían por montañas y terrenos agrestes para introducirse en territorio estadounidense, de ahí son trasladados a hoteles y casas de seguridad en donde son retenidos hasta que sus familiares pagan todo

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Tijuana.- Autoridades de México y Estados Unidos han detectado el crecimiento de una nueva organización criminal transnacional dedicada al tráfico de personas indocumentadas por la frontera. La misma es liderada por un hombre identificado como Óscar Mejía Lomelí, y se extiende desde Tijuana y Tecate, en Baja California, hasta el área de Los Ángeles en California.

Documentos en poder de corporaciones policiales y de seguridad pública de ambos países, describen al grupo como independiente de otras organizaciones criminales, pero que paga cuotas tanto al Cártel de Sinaloa como al Cártel Jalisco Nueva Generación para poder operar en la frontera, tanto de Tijuana como de Tecate.

El líder, Óscar Mejía Lomelí, ha sido procesado penalmente por delitos relacionados con tráfico de personas en Estados Unidos, según documentos de la Corte del Distrito Sur de California consultados para este reportaje.

El apodado también como “El Chino”, identificado en los organigramas de las autoridades como cabecilla de la organización, ha formado una estructura de hombres y mujeres para tareas que van desde choferes, guías terrestres, operadores financieros, reclutadores y encargados de logística.

La organización cobra alrededor de 10 mil dólares a cada migrante que busca cruzar la frontera de manera indocumentada, a quienes guían por montañas y terrenos agrestes, para introducirse en territorio estadounidense y de ahí ser trasladados a hoteles y casas de seguridad en donde son retenidos.

Recientemente, autoridades han encontrado grupos de hasta 10 migrantes intentado adentrarse a territorio estadounidense, bajo la guía de integrantes de la organización. Por medio de labores de inteligencia y vigilancia, así como mediante los testimonios de algunos miembros y personas relacionadas con la organización, las autoridades han logrado identificar el modus operandi de esta banda.

Los integrantes

La información, recabada por autoridades en ambos lados de la frontera, ha permitido identificar a los miembros claves de la organización conocida como “Gorras”.

Además de Óscar Mejía Lomelí, también han sido reconocidos Juan Manuel Fontes López como reclutador de guías –conocidos también como coyotes–; Ana Elisa Chaparro Chávez, quien se encarga de la logística previa, durante y después del cruce de personas indocumentadas; Otilia Carrillo Chávez, esposa de Óscar Mejía Lomelí y responsable de las operaciones financieras; así como Ezequiel Fontes Acosta, quien está a cargo de coordinar a los miembros de la organización del lado estadounidense. Este último también cuenta con antecedentes penales en Estados Unidos por delitos relacionados con tráfico de personas indocumentadas.

Según información declarada por el propio Mejía Lomelí y por otros integrantes, la banda era originalmente liderada por José Alfredo Fontes Costa en la década del 2000, pero ya no se encuentra al frente. No obstante, su esposa Ana Elisa Chaparro Chávez es quien sigue dentro de la organización como encargada de logística.

Con casas desde Riverside hasta El Florido

En cuanto al modo de operación de la organización, autoridades conocen que además de realizar cruces de personas por los cerros en la zona de Otay, en Tijuana y en Tecate, el grupo liderado por Mejía Lomelí cuenta con lugares claves en el condado de Riverside, California –en el área de Los Ángeles– y en la colonia El Florido en Tijuana, una zona alejada de la frontera.

Como ocurre en otras bandas de este tipo, hay varios familiares involucrados en las operaciones. Por ejemplo, Noel Fontes Castro realizó labores de chofer en un evento de cruce de migrantes indocumentados en enero de este año.

Se trata del hijo de Juan Manuel Fontes López, encargado de reclutar a guías terrestres, conocidos coloquialmente como “coyotes”, quienes acompañan a los migrantes al cruzar la frontera hasta que llegan al vehículo que los recogerá.

Según contó en una entrevista, al ser interrogado por autoridades estadounidenses, antes de involucrarse en la organización Fontes Castro tuvo varios trabajos en México, incluido conductor de Uber. Pero debido a que quería ganar más dinero, aceptó colaborar en el tráfico de migrantes.

Aseguró que el propio Óscar Mejía Lomelí, a quien también conoce con el apodo “El Chino”, le ofreció trabajo dentro de la organización criminal.

Su labor consistía en manejar el vehículo al que los migrantes se subirían una vez en territorio estadounidense para llevarlos a una casa con el número 3862 de la avenida Witt en Riverside, California. Por ello, le pagaba 300 dólares por viaje.

Una vez en el lugar, los migrantes eran llevados a una habitación pequeña que se encontraba separada de la residencia principal, a un lado de la propiedad, en donde se les ordenaba permanecer hasta que sus familiares pagaran la cuota que cobra la banda.

En el mismo lugar, Noel Fontes Castro recogía miles de dólares en efectivo, producto de los cobros por los cruces de personas, y recibía 400 dólares adicionales por transportarlos en el vehículo que conducía de regreso a Tijuana.

Otro de los integrantes de la organización fue identificado por las autoridades como Teófilo Salvador Andrés, quien junto a una mujer mayor se encontraba regularmente en el domicilio de Riverside.

De igual forma, las autoridades han logrado ubicar a un hombre de apodo “El Cubano”, por ser originario de ese país. Es descrito como de edad mayor y cabello canoso, también trabaja como conductor para la organización.

En cuanto al domicilio que la organización utiliza como centro de operaciones en Tijuana, se ubica en la colonia El Florido, además de un motel en la misma.

La organización, por medio de los Fontes, también tiene vínculos en Chihuahua y según han descubierto las autoridades, reclutan a guías terrestres de ese estado, debido a que conocen cómo aprovechar lo agreste del terreno para esconderse y no ser encontrados.

Uno de ellos es Carlos Chaparro Carrillo, quien declaró en entrevistas con corporaciones de ambos lados de la frontera, que recibe hasta 500 dólares por cada migrante que logra cruzar caminando hacia Estados Unidos.

Según dijo, una vez que logra llevar a los migrantes hasta el punto donde son recogidos en vehículos, casi siempre camionetas, “El Cubano” lo lleva hasta un hotel cerca del centro de San Diego y de ahí lo lleva nuevamente al cruce peatonal para que se devuelva a México.

El expediente judicial: de cuidador y chofer a jefe

En los archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, Óscar Mejía-Lomelí aparece como acusado en dos expedientes penales por delitos relacionados con el tráfico de personas.
En 14 años, el mexicano pasó de cuidar a migrantes indocumentados en un hotel a chofer y de ahí a jefe de la cabecilla.

El primer caso que la Fiscalía presentó ante la Corte del Distrito Sur de California corresponde al 8 de diciembre de 2006, en este se detalla que Óscar Mejía-Lomelí fue detenido dos días antes, el 6 de diciembre, por esconder a personas indocumentadas en Estados Unidos.

Según testificó un agente especial del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), el 1 de diciembre de ese mismo año recibió información de que una residencia ubicada en el número 3641 de la calle Durant en San Diego, California, estaba siendo usada como una casa de seguridad para albergar a migrantes indocumentados.

A las 10:00 horas, se explica en la acusación formal presentada ante la Corte, el agente especial comenzó a vigilar el inmueble y observó varios vehículos estacionados sobre la calle, entre ellos una camioneta Ford Expedition 1997 blanca con placas de California. Unos 20 minutos después, observó a varias personas salir de la vivienda e ingresar a la camioneta, por lo que siguió los siguió en su camino hacia y sobre la autopista 15 con dirección al norte y, aunque en un inicio perdió contacto visual con el vehículo, luego lo recobró sobre la misma autopista, cerca de la calle Deer Springs Road.

El oficial se comunicó con la Patrulla Fronteriza y pidió que el automóvil fuera detenido en el retén que la agencia tiene de manera permanente en Temecula, California.

Cuando la camioneta pasó por ese punto, el conductor se negó a detenerse y evadió a los oficiales de la Patrilla Fronteriza, por lo que se inició una persecución.

Después de perder de vista la camioneta, el mismo agente del ICE y otros compañeros de la misma agencia y de la Patrulla Fronteriza, encontraron el vehículo en el estacionamiento de una iglesia.

Seis personas se encontraban cerca del vehículo, por lo que los oficiales los cuestionaron y al pedirles comprobar su estatus migratorio, respondieron que eran indocumentados y que habían pagado para que un grupo de personas los cruzara desde México y los llevara a Los Ángeles, California, donde su familia pagaría por ellos.

Cinco días después, el 6 de diciembre, el mismo agente especial de ICE recibió información de que la misma vivienda seguía siendo usada como casa de seguridad para migrantes.
Al comenzar la vigilancia de la casa, alrededor de la 1:00 de la tarde, observaron a cuatro personas, entre ellos a Óscar Mejía Alonso, salir de la vivienda y abordar dos camionetas tipo pick up estacionadas frente a la casa.

Por lo que procedieron a cuestionarlas y también resultaron ser personas indocumentadas. Los agentes entonces se acercaron a la casa para tocar la puerta, un hombre les abrió y les permitió entrar. Los oficiales encontraron a 13 migrantes indocumentados.

Los migrantes fueron llevados a la estación de la Patrulla Fronteriza en Chula Vista, mientras tanto los agentes obtuvieron una orden de cateo por parte de un juez federal para revisar la vivienda.

Al revisarla, encontraron artículos como una libreta con nombres, cantidades de dinero, números de teléfono y un mapa hecho a mano de una ubicación cerca de la garita internacional, lo que indicaba ser el libro de registro del grupo de “polleros”.

En los documentos presentados ante la Corte, Mejía Lomelí admitió ser ciudadano mexicano, no tener estatus migratorio en Estados Unidos y además, haber sido deportado dos meses antes a México, cuando fue encontrado caminando entre los cerros de Otay, Mesa.

También declaró que su trabajo dentro de la organización consistía en ayudar a cuidar de los migrantes en la vivienda de San Diego, dijo que sabía que se trata de migrantes indocumentados y que trabaja para un “pollero” de nombre José –José Alfredo Fontes Acosta– y que le pagaban por cuidarlos. Era la quinta vez que recibía un grupo.
Mejía Lomelí se declaró culpable del cargo y fue sentenciado a prisión.

Sin embargo, menos de dos años después, volvió a ser detenido por la Patrulla Fronteriza. Así lo indica la segunda acusación que le fue fincada en la Corte del Distrito Sur de California. Según el documento oficial, el 5 de octubre de 2008, en la intersección de la autopista 905 y Otay Mesa Road, a las 8:20 de la noche, los operadores de rayos infrarrojos notaron un vehículo subiendo a varias personas en la intersección entre Alta Road y Otay Mesa Road.

Un oficial recibió el reporte y condujo su vehículo hasta la intersección, en donde se topó con un automóvil Dodge Intrepid dorado con placas de California. El oficial le marcó al alto, pero el conductor aceleró en dirección hacia el agente, por lo que el oficial colocó un dispositivo para ponchar llantas y se ocultó detrás de su vehículo.

El fugitivo continuó conduciendo hacia Otay Mesa Road e ingresó a la autopista 905 Oeste hasta que se detuvo en La Media Road. Los tres ocupantes bajaron del carro y comenzaron a correr, pero los agentes lograron detenerlos.

El chofer fue reconocido por el elemento de la Patrulla Fronteriza que inició la investigación. Resultó ser Óscar Mejía Lomelí. Este aseguró que sólo le hacía un favor a un conocido suyo de nombre Manuel, quien le pidió que recogiera a unos amigos que eran indocumentados en esa zona.
En su declaración firmada, Mejía Lomelí explicó que recibió de un hombre las llaves y el vehículo que condujo en el estacionamiento de una tienda Albertson’s ubicada en University Avenue en San Diego, California.

Esa misma persona, aseguró, le dio las direcciones para recoger a los migrantes, quienes se subieron y recostaron en la parte de atrás del vehículo cuando llegó por ellos.

El 2 de diciembre de 2008, el juez de distrito Gordon Thompson Jr., sentenció a seis meses de prisión a Mejía Lomelí. Sin embargo, registros del Buró de Prisiones Federales indican que Mejía Lomelí no salió de prisión hasta el 9 de febrero de 2011.

Esta prolongación de la pena fue consecuencia de una condena adicional, del primer cargo que enfrentó en 2006, pues al ser considerado un reincidente, se le agregaron más años a su sentencia.

Tras salir, hace casi diez años, el hombre descrito de estatura baja, robusto y tez morena, regresó a la misma organización para operar las rutas y encabezar las operaciones del grupo criminal.