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¡CONTROLADO POR EL NARCO!

  • Las autoridades de la Ciudad de México siempre han negado la presencia y operación de los cárteles de la droga. Sin embargo, desde la administración de Miguel Ángel Mancera, los grupos criminales se han afincado en la capital del país para disputarse el territorio
  • Igual que ocurre en Sinaloa o Tamaulipas, en la Ciudad de México los cárteles también ajustan sus cuentas a balazos. Al menos seis grupos criminales están posicionados en el más grande mercado de consumo del país, muchas de estas organizaciones realizan sus actividades criminales con el respaldo de la policía
  • No obstante las evidencias de corrupción y violencia que han desatado las organizaciones criminales, el Gobierno pregona que la policía capitalina es la mejor del país

Ricardo Ravelo/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Primera de dos partes)

Ciudad de México.– Los cárteles del narcotráfico se han apoderado de la Ciudad de México: Ahora ejercen férreos controles en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde organizaciones como Sinaloa y el Cártel Jalisco disponen de amplias cadenas de complicidades para mover tanto cuantiosos embarques de dinero como de droga.

De acuerdo con informes consultados de la DEA y de la Fiscalía General de la República, el principal problema de la terminal aérea es la corrupción en sus aduanas, las cuales están infiltradas por los criminales; la droga –cocaína, heroína, y precursores químicos para elaborar drogas sintéticas– arriban a la capital del país en aviones comerciales procedentes de Europa, Asia y Sudamérica.

Tanto de día como de noche la dinámica del crimen organizado no se detiene: La aviación comercial se ha convertido en una de las fuentes de abastecimiento más socorridas por el crimen organizado no solo en la Ciudad de México sino también en la mayoría de los aeropuertos del país.

Esa es la razón por la que autoridades estadounidenses solicitaron a las de México militarizar los aeropuertos, pues afirman que drogas como el fentanilo –que en 2021 causó la muerte de cien mil estadounidenses por sobredosis– está llegando con facilidad a Estados Unidos, donde se ha convertido en una droga de moda.

LA RED MAFIOSA

El Gobierno presume que la capital del país cuenta con la mejor policía de todo el territorio nacional; también pregona que no hay cárteles en la principal urbe de la República.

Sin embargo, en la Ciudad de México no solo se refugian los líderes y operadores de los principales cárteles: También han extendido sus redes criminales y cuentan con amplios mercados para la distribución de todo tipo de drogas, desde cocaína y heroína hasta las llamadas drogas de diseño, que han causado explosión en el mercado de consumo.

De acuerdo con reportes oficiales, en la Ciudad de México operan seis cárteles. Estos son Unión Tepito, Anti-Unión Tepito, Sinaloa, Cártel Jalisco, Cártel de Tláhuac y la Familia Michoacana, que además de Michoacán también cuenta con una base de operaciones en el Estado de México, principalmente en Ecatepec, el municipio más grande del país.

Estos grupos de la delincuencia organizada se disputan el enorme mercado de consumo; tienen operadores en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), a donde arriban los cargamentos de droga que, después, son guardados en bodegas clandestinas y distribuidos en bares, cantinas, antros de todos los niveles, casas de juego, prostíbulos, table dances y discotecas de colonias populares y de postín, como Polanco, Las Lomas, El Pedregal de San Ángel, entre otras.

Todos estos grupos criminales operan, además, el cobro de piso, la venta de protección, la prostitución a través de mujeres traídas del extranjero; de igual forma manejan la piratería y todas sus actividades se realizan, según las fuentes consultadas, con el apoyo de la policía de la Ciudad de México, la misma el Gobierno dice es una de las más eficaces del país.

Durante más de una década, las autoridades de la Ciudad de México –la más poblada de América Latina y una de las más grandes del mundo– han negado la presencia de los cárteles de la droga.

En las calles de la capital del país, en bares, prostíbulos y cantinas, muchos de ellos localizados en zonas exclusivas como las colonias Roma, Polanco, Condesa o Zona Rosa, con frecuencia ocurren asesinatos, secuestros y extorsiones, pero todo se le atribuye a la delincuencia común cuyos líderes habitan en zonas y barrios violentos, una suerte de submundo donde todo huele a ilegalidad.

En gran medida, la clave de las autoridades capitalinas ha consistido en voltear hacia otro lado, a la provincia, donde los líderes criminales se disputan el mercado de consumo y los territorios, pero en la Ciudad de México siempre se ha negado no solo la presencia, también las operaciones de los más importantes cárteles del narcotráfico, una realidad que ya no puede ocultarse.

En la medida en que los grupos criminales fueron creciendo en el país, antes y después del sexenio de la guerra que encabezó Felipe Calderón, los jefes de los cárteles utilizaron a la Ciudad de México como un refugio seguro. En la gran metrópoli no había ajustes de cuentas, tampoco persecuciones y menos balaceras al estilo Tamaulipas o Sinaloa.

Esta suerte de “pax mafiosa” permitió que los grandes capos del narcotráfico adquirieran fastuosas mansiones para vivir o pasar algunos días en lo que se enfriaban sus plazas de la violencia. En la Ciudad de México vivió Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, cuando era jefe del Cártel de Juárez. Antes, en 1988, estuvo preso en el reclusorio Sur, acusado de uso de arma prohibida. Permaneció tres años preso. Recobró su libertad y, en unos cuantos meses, se entronizó en la jefatura del cártel juarense luego del asesinato de Rafael Aguilar Guajardo.

En Chimalhuacán, al norte de la ciudad, vivía Eduardo González Quirarte, el “Flaco”, publirrelacionista del Cártel de Juárez y hombre de confianza de Carrillo Fuentes. Otros que habitaron en la Ciudad de México fueron los hermanos Beltrán Leyva, jefes de una de las células más poderosas del narcotráfico. Luego, Arturo Beltrán, el “Barbas”, se mudó a Cuernavaca y se instaló en un lujoso departamento frente a la zona militar.

Dámaso López, el famoso “Licenciado”, socio de Joaquín Guzmán Loera, fue detenido en un departamento de la Ciudad de México mediante un operativo coordinado por Omar García Harfuch, el mismo que fue atacado a balazos en la Ciudad de México, según él mismo reconoció, por el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, la presencia del narcotráfico siempre fue negada en la capital del país. El exjefe de gobierno y actual senador de la República por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) aceptó que en la Ciudad de México había delincuencia, bandas dedicadas al narcomenudeo y a otros delitos, pero negó que hubiera cárteles de la droga.

Sin embargo, la realidad ya no puede ocultarse. Ante la narcodinámica que enfrenta la Ciudad de México el Gobierno reconoció:
“Siempre ha habido presencia de estos cárteles en la Ciudad de México, el problema es que no había violencia, el problema es que se les dejó crecer mucho y nos toca controlar eso y entregar una ciudad segura. Una cosa era que declarativamente se decía que no había cárteles, pero otra es que se les creyera”.

Con cárteles o delincuencia común lo cierto es que la violencia ha crecido en la Ciudad de México. Ahí está el caso, por ejemplo, del asesinato de Roberto Ronquillo, estudiante de la Universidad de “El Pedregal” y de Leonardo Avendaño, alumno de la Universidad Intercontinental, así como el ataque armado que dejó al menos dos personas muertas, dos lesionados y varios detenidos en calles de la colonia Héroes de Padierna, ocurridos en el perímetro de la alcaldía de Tlalpan.