Retropolicíaca

CASO TLATELOLCO: DISTORSIONADAS VERSIONES

  • Según las distorsionadas versiones de La Noche de Tlatelolco, “el punto de vista del gobierno mantiene, como único argumento para demostrar la participación de francotiradores, el hecho de que el general José Hernández Toledo resultara herido en las acciones de ese día”.

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Cuarta de siete partes)

Ciudad de México.- En cambio, se dedicó gran esfuerzo para desvirtuar su agresión y sobre todo sus declaraciones, que posiblemente habrían derribado estrepitosamente toda la leyenda fabricada por periodistas, escritores, intelectuales, maestros y alumnos destacados, para culpar al Ejército no solo de “masacrar inocentes”, sino de cumplir órdenes “genocidas” en perjuicio del estudiantado nacional.

Según las distorsionadas versiones de La Noche de Tlatelolco, Gilberto Guevara Niebla —en realidad pudo ser información de Luis González de Alba, quien se suicidó el 2 de octubre de 2016— comentó ante la escritora Elena Poniatowska que “el punto de vista del gobierno mantiene como único argumento para demostrar la participación de francotiradores,  el hecho de que el general José Hernández Toledo resultara herido en las acciones de ese día.  Sin embargo,  existen algunos detalles significativos que destruyen ese argumento”.

En primer lugar,  “el general Hernández Toledo fue herido por la espalda y si consideramos que en el momento de ser alcanzado por la bala se encontraba junto a la Secretaría de Relaciones Exteriores,  encaminándose hacia la Plaza de las Tres Culturas,  se deduce que el disparo provino de su retaguardia, probablemente de entre sus propios hombres o bien de alguno de los helicópteros que en ese momento colaboraban a la masacre ametrallando desde el aire a la multitud inmovilizada y acorralada”.

En segundo lugar,  dijo aparentemente Gilberto Guevara Niebla,  “refuerza esta hipótesis el hecho de que el calibre de la bala empleada corresponde a un fusil AR 18, arma novedosa empleada casi exclusivamente por la infantería de Marina de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam.  Por otra parte,  aunque todavía no se conocen con exactitud las circunstancias en que resultó herido el general Hernández Toledo,  la suposición de que los disparos partieron desde algún edificio cercano,  y el hecho de que no se conozca quién o quiénes dispararon,  obliga a pensar en uno o varios tiradores especializados, seguramente bien entrenados, capaces de asegurar sus disparos desde el primer momento y con la retaguardia perfectamente cubierta.

Todos los departamentos de los edificios cercanos a la Plaza fueron registrados cuidadosamente por el Ejército y la policía y no se encontraron armas del tipo señalado.  Lo anterior concuerda con el hecho de que los agentes del Batallón Olimpia dispararon también sobre las tropas que se acercaban o que estaban en la Plaza en esos momentos”.

Ahora notemos otra versión para “disculpar” al oaxaqueño Guillermo González Guardado,  convencido colaborador de Carlos A. Madrazo para democratizar al PRI desde el interior del partido.

El escritor Carlos Montemayor informó en el libro de  Proceso-Grijalbo,  “La Guerrilla Recurrente”,  que una emboscada al Ejército “de esta dimensión no la efectuó un pequeño grupo de diez francotiradores.  El ataque revela,  como lo hemos venido explicando, la acción coordinada de diversos comandos”.

Un diagrama muestra bocetados la mayoría de los edificios de la plaza de Tlatelolco y,  “es utilísimo para entender la distribución de los francotiradores y el espacio que dominaban desde sus diversas posiciones”.

El diagrama que ilustra la posición de los francotiradores alrededor de la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, muestra un triángulo negro con un recuadro que identifica el “lugar donde se exhortó por medio de un megáfono portátil”.  Y se trata, explicó Carlos Montemayor, “del punto donde se situó el general José Hernández Toledo, ahí exhortó a los asistentes al mitin a retirarse”.  (Grave error de Montemayor y los que hayan dibujado el diagrama, pues el sitio donde supuestamente estuvo el militar célebre se ubicó frente al templo, sobre las ruinas prehispánicas, a donde nunca hubiera podido llegar el jeep sobre el que estaba de pie el general Hernández Toledo).